8/10/14

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Lucio L. Madariaga



Lucio L. Madariaga
Ocho Poemas




K397

“¿En qué pensás cuando te desordenás por dentro?”,
preguntó por WhatsApp después de un “te quiero”.
Tuve que salir al balcón para ensayar la respuesta.
Respirar, regar los jazmines, oler las flores y la tierra húmeda,
sentir la vibración de los colectivos en la baranda. Era como
un subwoofer disonante, no lograba amalgamarse
con la Fantasía para piano K397 de Mozart
que huía
desde el interior del departamento.
   
Caminar en círculos, observar, carpir la tierra
de tres macetones fue el siguiente paso:
una siembra se acercaba en la primavera precoz.
Buscaba las palabras.
   
Ella es sinuosa y transparente.
Nunca habíamos experimentado una primavera juntos.
En los años que llevábamos de conocernos siempre algo se rompía
cuando todo comenzaba a ser más exuberante a nuestro alrededor.
Nos nublábamos, dos fuerzas internas desparejas
que no podían encontrarse.
Hasta ese momento, una y otra vez, la estación de las flores nos conducía
en una procesión hacia un choque calmo, desequilibrante

y el silencio.

Esta vez algo pulsaba diferente.
Se sentía un despliegue.
Un encuentro.
Una tentativa de romper la repetición.

Jugué un rato con mi gata, nos corrimos como solemos hacer
y me sentí preparado para responder:

“En mí cuando estoy en paz en un lugar hermoso. Eso me calma”, escribí.

Al fin de cuentas es todo lo que había sucedido desde que lanzó la pregunta.
Pero en esta primavera yo no estaba desordenado,

pensaba en abrazarla

y viajar.



UNA ELLA ES


Arroja al aire su
monedita de
chocolate y hace

renacer la búsqueda
en otro tren gris:
la sinrazón lúdica.

Encuentra catarsis, pan
y chucherías,
pero quería amor.

Apesta vicio el ras
del desencuentro
con la interna propia.

Entonces conoce el
verde, la mujer
de la sangre mutante.

Ella ella es ella
es toda ella
una ella ella es.


REALPOETRY

I

No todos los constructores de patinetas
saben hacerlas rodar

No todos los sueñeros de mundos
han vivido

La imaginación puede provenir de la mismísima
carencia

y esta, a veces, es poderosa

pero no deja de provocar tristeza

II

Componer una pieza a partir de experiencias de terceros
que han calado
dolorosas o mágicas, sólo detalles

Algo cambiaron, uno se aferra
y al querer desesperadamente participar
las transforma

Agrega pedacitos de la propia sensibilidad
y una parte se desgarra
una mente caníbal se manifiesta:

ese engendro se come la posible sorpresa
futuros vivibles, sombras serán

Igual

hay mucho con qué sorprenderse

si se lijan las capas

si se hace amigo el tiempo



III

Lo frágil, infinito.
Lo indestructible, el olvido,
cae
por su propio peso



IV

Sólo un trapo basta
para jugar

a desnudarse.



SILENCIO Y DESPUÉS

La mujer del vestíbulo en la calle
del ruido
                ríe
desafiante
                  confiándose a la noche
como si poco importara el dolor

¡Ay, si supiera!

Lo que duele suele tener ese aroma
dulce
          a tanta vida

Una fracción de segundo arrítmica
inmensa y solitaria
es todo lo que hace falta
para comenzar
de nuevo.

Hay algo desgarrador en el silencio:

me resulta auténtico.



SANGRE POÉTICA

El ámbito estalló en fragmentos inertes,
fuera de época,
a la vera de explosiones verdaderas.

La palabra huérfana
aterra y desgarra, madre.

Vivencias escondidas tras un verbo;
esa constancia: la pulsión de maravilla,
                               ¿se extravió dónde?

Encandilarse hasta los huesos y que eso
se convierta en cadencia libre

de música
                        y ritmo
                                           paisaje
canto
                                 imagen
           delirio

en los ojos, cuerpo y pensamiento.

En este lapso eternizado, que ni signos
ni interpretaciones
alertan:

¿estaremos
al borde de un abismo
sin un hueco en que caer?

Tanta sangre madre y tanta estupidez,

ahora logro comprender: el pequeño refugio
nunca te alcanzó;

                             encumbro tu desdén.




MAREA

Marea aquella que pega
y espuma,
cae la persecución.

Provoca, tienta la tarea
de perecer,
pero no,

el cuerpo es un arma blanca.


MONTE


Porte de sustancia sabia, sonido a piedras
invisibles, dulce cajón que despierta canjea fe
de entierros y silencio por mandarinos y miel,
pequeñas columnas de la mañana.

Tu sola presencia estremece la condición
de niño insecto.

El claro, órgano de luz, la persuasión

tiembla.

Noche se abre de canto, festeja honor de circunferencia perfecta:
tambor, celo de bruma y cachorros que braman entre brotes,
secretean pimientos y planean trincheras
en el pequeño mundo escondido

que resiste

contra todo aserradero.


RAÍCES EN EL CLARO


Todo lo que veo, son pájaros.

La liebre de fuego guía la búsqueda.
Huye, escurridiza, flamea amarilla roja
naranja en la llanura.

Pájaros atontados, adobados en hollín.
Ya no vuelan, trepan mesetas,
encandilan lo claro.

Están los solitarios, recluidos mudos,
no pueden con el mundo.

Algunos pocos, son pájaros de luz.






LUCIO L. MADARIAGA, nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 15 de agosto de 1985. Estudió la carrera de Sociología en la UBA, que dejó inconclusa. Recibido de la carrera de Periodismo General en TEA. Trabaja en el Fondo Nacional de las Artes. Escribe colaboraciones para publicaciones nacionales y del exterior. Ha participado en ciclos y festivales de poesía. En 2014 fue uno de los ganadores del Concurso Binacional ArBol (Argentina-Bolivia) organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación de Argentina y por el Gobierno Autónomo Municipal de Cochabamba del Estado Plurinacional de Bolivia. Seleccionó y prologó para la editorial El Suri Porfiado “El hueco de un relámpago”, antología poética de Élida Manselli. Tiene un libro inédito de poemas titulado “Materia Oscura” que se publicará en 2015. Integra el Staff de Analecta Literaria teniendo a su cargo la sección de Dossiers y es miembro del Staff Internacional de «Letra de Cambio» que aglutina a jóvenes poetas latinoamericanos y españoles. 



Analecta Literaria

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

2 comentarios:

Ana Lafferranderie dijo...

qué buenos poemas, Lucio!
un abrazo grande

Anónimo dijo...

Gracias, Anitaa! Beso!
Lucio

 

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