22/8/16

Piero Iurato


Últimos Días




Esta mañana fui fuego, fui furia.
Vi como ardían mis manos
y nadie me quería abrazar.



Me acerque a la ventana
y vi a una hormiga
luchar contra la lluvia;
mi rostro parecía sonreír.



Escuchar su voz,
es como entrar desnudo a una iglesia
y que el Cristo colgado en la pared
me dé lugar en su cruz.



Mi plan es separarme del cuerpo
y morir mucho antes
que mi cuerpo muera.

Published: By: Analecta Literaria - lunes, agosto 22, 2016

Jerónimo García Riaño



La carroza


—Te he citado aquí porque tenemos que hablar —dijo Lorena mientras tomaba un poco de café.  

—¿Qué pasa? —preguntó Augusto. 

Lorena dejó la taza sobre la mesa y soltó un suspiro profundo. La mañana era fresca a pesar del despiadado sol que ya caía sobre muchas cabezas. Agarró las manos de su novio y lanzó la noticia: 

—Esto no es fácil… pero… no quiero seguir con esta relación. 

Augusto agitó sus manos y las liberó de los  dedos apretados de Lorena. 

—¿Por  qué? —preguntó. 

—Porque esta… esta relación no funciona, ya no te quiero. Me cansé de tus celos, de que pienses que todo el mundo me mira. 

—Lorena movía los brazos y sus manos agitadas sacudían el viento—. Ya no puedo salir a la calle contigo, eres posesivo... Lo siento... Me cansé. 

Augusto se levantó de la mesa y con sus piernas provocó un temblor que terminó con una taza rota y la otra derramada de café. Salió del bar sin mirar a Lorena y corrió por las calles adornadas del pueblo. Lorena lo siguió, gritó su nombre, pero él ya se había perdido. Al rato, vencido por el cansancio, terminó sentado en un andén.  Lloraba y emitía unos ruidos que de no ser por sus manos sudorosas cubriendo su rostro, hubiesen acabado en sendos gritos de dolor. Escupía mientras maldecía a la mujer. Se levantó del andén y caminó hacia su casa. La gente que se preparaba para el carnaval, acompañó con la mirada a Augusto en ese trayecto amargo. 

Published: By: Analecta Literaria - lunes, agosto 22, 2016

29/7/16

Jonatán Reyes


Poemas inéditos 
Especial para «Letra de Cambio»



EL ARTIFICIO


Tus labios carecen de exilio
y entre ellos y los míos
hay un océano condenado a errar
un concepto tan sencillo
estéticamente muy complicado


Published: By: Analecta Literaria - viernes, julio 29, 2016

Carina Sedevich



Tres poemas inéditos*




1

Dice el maestro
que si dispongo el corazón
para transcurrir cada jornada
como si el cuerpo ya estuviese muerto
podré concebir la libertad.







Regreso a casa.
Atiendo mi frágil organismo.
Lo nutro
con vegetales poderosos.
Por más que ya no río
y ya no lloro
procuro, a diario,
estirar mis músculos.








Es acuciante
elegir entre vivir o morir,
dice el maestro.







Pero es verano.

Tremolan, invisibles,
las cigarras.
Una vez encontré una
entre la arena.
No parecía
dispuesta a morir
aquella tarde.








Dice el maestro:
una cigarra
puede vibrar intensamente
hasta morir.



Published: By: Analecta Literaria - viernes, julio 29, 2016

26/7/16

Verónica Aranda Casado


Poemas Éditos e Inèditos



XI

      
Asociaré aquel puerto con septiembre,
con el incienso del albaricoque,
al cruzar desde Goa
el oculto zaguán de la pensión
de Praça da Figueira con ventanas
que daban a una calle de la Baixa
con una iglesia y tiendas de anticuario.

La libertad era un tranvía rojo
que cruzaba Lisboa, en ese tiempo
de tascas de azulejo y miradores
donde las tardes eran
un plácido ideal, un soplo intenso
hecho de misticismos decadentes.
          


XV

      
Siempre fui por inercia hacia al amor furtivo,
aquél de las ciudades portuarias: Buenos Aires
con filo de arrabal, La Habana vieja,
Lisboa y sus Biralbos misteriosos.

Aquél del bandoneón y las guitarras
que tejen un acorde negro y rojo;
aquél de los teatros en penumbra
con maletas abiertas de tejidos
y chales años 20 y nicotina,
o el sobrio mostrador donde convergen
silencios de licor  y penas golfas.
      
                                                        
                           
 De: Tatuaje (Madrid: 2005)

Published: By: Analecta Literaria - martes, julio 26, 2016

Marisa Martínez Pérsico


Poemas Inéditos




INVÁLIDA EN EL DESIERTO DE MI DESEO DE VOS

...tan en mí, tan viva en mí, 
que si me muero a ti te moriría. 
Juan Gelman


Una debería sentarse
a observar despedidas
en la estación de autobuses.

Deducir cuánto han corrido mundo
aquellas vidas
por las ruedas gastadas
y el trajín de maletas.

Corolarios de besos indolentes,
muchachos aburridos 
con pistolas de plástico,
los viajes de trabajo
del señor de corbata,
las parejas 
de sexo contraído,
estudiantes contando
unas monedas
mientras fuman cigarros,
la chica del tatuaje
que saluda a su novio
con un nombre de tinta
que le cruza el ombligo.

Epitafios sin tumbas,
individuos que mueren
un poco
en otros brazos.

¿Cómo sería despedirnos
si fuéramos aquellos del andén
que se saludan?

¿De qué región vendría 
cada uno,
y a qué muslos iría?

¿Qué peldaño
de esta vasta escalera
contaría el adiós?

Nadie puede escaparse
de sí mismo,
cubrir con su sombrilla
el entero horizonte 
de la escarcha.

Por eso voy sola
a observar a los otros,
sin mochilas, ni bolso,
ni equipaje de mano.

Como quien lleva el amor
pegado a las costillas
o cosido al dobladillo
de la falda.

Published: By: Analecta Literaria - martes, julio 26, 2016

Jesús Baena Criado


Raíz de mi derrota (2016)
Tres poemas


IX

En tu piel ha escrito el dolor su nombre, Eva, 
atravesado con la sangre herida de tu boca. 

Marcado el vientre sucumbe la paz en la entraña
que encierra en su seno la derrota
y arranca sangrante el beso que en mis labios espera.

Si es tu silencio el grito que amado hiere, 
si desnuda tu cuerpo es sal y carne en la llaga
y quema roja la manzana que aún fría, arde
vespertina en el ocaso en esa tierra que anhelada 
es la frontera del olvido, 
calla en tus adentros las sombras del paraíso;

muerde, Eva, la manzana y de tu carne 
haz la carne de otra tierra.

En esa tierra regará la sangre el olivo que en tus manos procuraste,
y el silencio será el grito que en tus hijos quede.


Published: By: Analecta Literaria - martes, julio 26, 2016

Pablo Romero


Tres Poemas


De: Días de Babel (2016)



APARTADO SOBRE LA ATROCIDAD  
a Lucas

El niño dice tiempo y le sangra la boca

grita como queriendo arrancar de golpe
el gesto muerto de un dolor 
demasiado inútil 
la columna  torcida de sostener     
el peso de otros años
unas manos donde nadie espera
para la terrible ceremonia de mirarlo caer

no debería el miedo caminar descalzo
un paso y otro a la intemperie,

descenso transversal al agujero de los días.

el niño dice tiempo y le sangra la boca

un romperse contra toda luna

contra toda intensidad 


Published: By: Analecta Literaria - martes, julio 26, 2016

Patricio Foglia

Fotografía: Natalia Leiderman

Cinco poemas



De: Tokio (2016)


TOKIO

Ninguna ciudad como Tokio comprendió mejor
la frase el tiempo es dinero. La capital nipona es el templo
de la Tecnología. También el espacio es dinero:
en esta ciudad cada centímetro es aprovechado al máximo.
Los departamentos más lujosos tienen el tamaño
de una cocina. Sin embargo, esta megametrópoli
también tiene problemas:
el tránsito es caótico
y el transporte público resulta insuficiente,
puede tomar un día entero viajar
desde el puerto de Tokio hasta las afueras.


Published: By: Analecta Literaria - martes, julio 26, 2016

Jonathan A. España Eraso


Poemas




LA ESCRITURA ES EL MUNDO
que se devora en sus  secretos




CADA PÁGINA NOMBRA LA ESPERA
Cada página dispone sus márgenes
para el común encuentro
que en luz se manifiesta




LA ESCRITURA HABITA LA LUZ
En cada palabra se celebra el prodigio
De la página donde nace el mundo




LA ESCRITURA
Es el silencio
Que todo
Lo nombra



Published: By: Analecta Literaria - martes, julio 26, 2016

Sebastián Hernaiz


Poemas




De: El prejuicio del sexo (2014)



UNA TARDE, MI ABUELO


Una tarde, con mi abuelo
fuimos al Sheraton a merendar.
Sería sábado, el cielo
estaba gris y nosotros felices.
La confitería era en el piso no sé cuánto, uno alto.
Ahí aprendí
esa torre roja y blanca, con reloj,
era de los ingleses. La gente
al lado nuestro hablaba en alemán y la señora
me regaló un pin con su bandera. Cada vez que paso,
ahora, me viene esa tarde que no recuerdo,
esas tardes recorriendo
con mi abuelo la ciudad,
bares, cafés. En uno, a la salida de la escuela, me enseñó
la T tiene que ocupar
todo lo alto del renglón.
Todavía hoy mi letra es mala
pero imprimo en hojas lisas. Mi abuelo me llevaba
por confiterías y bodegones. Pedía el café con mucha leche,
me regalaba monedas
de chocolate cuando me veía. Era alto, flaco,
adicto a los Suchard. Su pelada lucía lustrosa; igual,
siempre fue a su peluquería una vez por semana. Murió una tarde.
                                                    Me acuerdo/
los llamados, mucha gente de golpe en mi casa. Yo
me amparé en el resguardo
de ponerme la remera de Boca: FateO, decía. Tardé en saber
que no era una O sino una rueda. Escuchaba, mamá en el teléfono,
familiares, y yo desde el balcón
ver pasar los colectivos y tirarles
bolitas de papel con mi gomera improvisada; la remera
iba humedeciéndose de lágrimas:
nunca tuve tan buena puntería. Pero los colectivos
pasaban, seguían, y se iban.

Published: By: Analecta Literaria - martes, julio 26, 2016

20/7/16

Ivan Rusch


El Insomnio de Borges
y Otros Poemas


EL INSOMNIO DE BORGES 


El insomnio de Borges era de entelequias y fierro,
de aborrecidos cantos de pájaros, de falsa inmortalidad:
Mi insomnio es de puro mortal, de pulso detenido,
de hambre con hambre y de preguntas sin signos:
De olor a perro en la cama, de mugre en la cocina:
De dolor en las muelas y ojos hirviendo:
Mi dolor es mi insomnio:
El de Borges estaba lleno de soledad,
el mío de presencia,
presencia mía o de alguien que dice ser yo,
ambos poblando un lugar indeseado,
pero su lugar estaba henchido de palabras y diccionarios,
el mío adolecido por falta de silencio
(saturación de significado):
Mi insomnio está demasiado lleno de mí mismo,
y no del destino de los hombres:
Es egocéntrico como mi tristeza,
un yoísmo constante:
Un espejo que se mira para reconocer a quien refleja:
Mi insomnio se caga en la historia universal,
pues el universo es suyo:
Y con él todo el dolor que en él cabe:
El insomnio de Borges era causado por lo ajeno,
por la enorme realidad que no podía abarcar:
Mi insomnio, en ese sentido, no sea quizás tan diferente:
Pero mi lenguaje es primitivo,
pequeño y lleno de otoño sin amor,
y no puedo expresar en unas líneas
cómo llegó Borges a permanecer insomne por siempre,
hasta escribir este poema que es el de aquella noche de Burzaco,
sólo que agotado por las palabras que se le escaparon
se repite sin abalorios ni pretensiones
en este cuerpo doblado sobre la misma página,
la misma noche.


LAMENTO Y REEMPLAZO


Si hay formas de reemplazar mi vida:
Por un milímetro de paraíso, o escombros de la civilización:
¿No sería esa una forma de paraíso?
-Las preguntas del siglo.
-Nadie las ha hecho aún.
-Un griego fue pretencioso.
Y llevar como ladrillos atados a los pies
el peso de los humanos:
Duelen, ergo, no puedo ignorar su conciencia:
Reemplazarme por una oruga, un lirio casi muerto:
¿Y esta pretensión?
Significado y significante,
meras limitaciones del animal con idioma:
Pero no son eludibles:
Porque estás en el cerco humano:
Reemplazarme por un caballo sin sangre,
el cabello de una diosa:
Y el laberinto no hace más que cerrarse,
aunque la mayoría piense que se expanda:
Pero el universo es magnánimo,
y va hacia ambos lados,
infinito se expande y contrae:
Y el paradigma humano será pronto inclasificable,
apenas conciencias procesando datos como unidades aritmético-lógicas:
¿Y entonces qué poema o ensayo podrá seguirles el ritmo?
El silencio de una galaxia quizá logre comprender:
El silencio:
Si hubiera formas de reemplazar mi vida
sería ya demasiado tarde:
Un sol reventando a una cantidad incalculable de calor
y la tierra desolada:

Ningún hombre de pie para contemplar su propio final,
ninguna vida inútil para reemplazar:
Hasta las próximas aguas y los próximos angustiados
de rodillas frente al lenguaje nuevo:
Otra vez.



LAS HORAS AJENAS


En las tierras del olvido todo se recuerda,
pero ajeno:
El sol invertebrado se duele de los dolores
que aquejan a los huesos de sombras alargadas
que se arrastran tras los pies de ancianos sin dios:
Una luna roja, negra o roja o ambos, o ciega como quien la mira,
mira a su vez la otra luna reposada en un estanque dormido:
Sabe que los poetas la han condenado a ser una metáfora,
y recuerda sus miserables esfuerzos, vano en lo vano:
Los niños, las sobras del remordimiento adulto,
juegan en el agua cuando el verano aprieta,
y una angustia repentina los ataca,
pues desdibujan la cara misma, la pálida y solitaria cara,
de ese cielo que quiso dejar las alturas por un poco de tierra:
El oro soterrado en el pecho de los relojes,
soberbios reyes del significado que ningún animal conoce,
sirve en lentos ruidos los segundos y los días,
devorados febrilmente por la rutina sórdida de los olvidados:
Tiempo y forma se presentan con cadenas y plumas,
imposibles en el vuelo tanto como en el yugo:
Las costas henchidas de basura se duelen de la otra resaca,
la que el mar se lleva para sí mismo, hacia dentro:
Quizá para recordarse, quizá para olvidarse:
Y en la flor que reina inviolada en el eje de toda pertenencia,
te dicto aquí mis días recordados por algo o alguien,
mi lamento sin mi cuerpo
en un día que no he vivido.


EL DESTIERRO DE LOS DIOSES 


Los sin nombre han sitiado la ciudad,
y corren las almas en ruinas a rearmarse donde el sol, en los cerros:
Agudas son las noches del entendimiento y la razón,
bañan los huesos y los duelen, orean el insomnio
con su oscura fábrica de metales, donde las estrellas son esclavas:
Todos se escapan de la noche,
se van hacia dentro de sí mismos o hacia fuera del otro:
Nombrar algo es existirlo:

Lumbres amarillentas y señeras bañan delicadamente
a las damas hermosas, a las diosas tigre que reposan
sobre el pecho del tiempo,
tiempo de costillas rotas que yace herido,
y se lame las heridas en el prostíbulo de la memoria:
La sangre de los hombres cristalizada,
detenida por el deseo de los inmortales,
que reclaman de la carne lo virgen:
Nosotros detenidos como estatuas en la rutina de la sangre,
abriendo heridas, cortando los miembros de la gran rosa,
quemando todo aquello que fue bautizado,
pletóricos de fuego, desgarrando la vida de lo nombrado:

Los dioses no han muerto, se han escondido en áticos
y cavernas imposibles en la infinitud del universo,
en infinito exilio,
desde donde observan asustados, temblando, casi humanos,
al animal que todo lo nombra.


LA NOCHE 


La noche nos muestra las costillas entre los rayos, famélica, polvorienta:
Llena de la esperanza de los hombres, y por lo tanto vacía:
La esperanza, que sólo da sed, porque es como el agua del mar:
Es la esperanza eso que respira el animal que duerme donde lo oscuro,
los latidos de la cabeza, pensamientos, certeza de la carne:
Quien es consciente de la noche es consciente de su dolor:
Los brazos que duelen, mordidos por los lobos de la cervicobraquialgia:
Los analgésicos y los antidepresivos que retumban en la caverna de la boca:
Y nada es suficiente, porque la noche está despierta,
y nosotros de rodillas o sobre el costado donde la lanza:
Hombres vacíos, chupados de remordimientos:
Pero la noche sabe quiénes somos, porque nos ha parido los miedos:
Y se extiende sobre nuestros huesos que tiemblan, huesos sin esperanza,
y de repente no tenemos piel, sino noche:
Y la noche es oscura y cerrada,
y las estrellas son cicatrices de dioses muertos:
Y sobre el osario nocturno yacemos prometidos del alba ya muerta.


TODAS LAS COSAS HERMOSAS


Salgo al espacio que no puede contener todos mis huesos:
Escribiré poesía aún cuando he afirmado que la poesía es inútil:
Pero inútil es también vivir, y sin embargo se sigue,
pues todas las cosas hermosas rielan con su música incierta,
esperan pacientes ignorando el círculo ajeno de los relojes:
Una vez, de pie sobre el arado, miraba cómo colgaban del cielo
las tristezas de la pasada tormenta, jirones de gasa blanca las nubes
limpiando la sangre del sol que caía:
La sombra de un hombre, alargándose desde el horizonte hasta mis pies:
El hombre que nunca sería, mas aún bello:
se recortaba su figura contra el muro de los sueños, lejos, muy lejos:
Una serpiente enrollada a mi brazo izquierdo, del color del miedo,
circulando tranquila sobre la piel erizada,
circulando por mi existencia como el río callado,
el río infinito y silencioso que tocaba los costados de una tierra estéril:
Y en él el agua hermosa, desnuda y sosegada,
imitando los rostros de hermosas mujeres
que regresaban del funeral de mi memoria:
Un cerezo regalado plantado en la boca de una niña,
niña que torcías cucharas con la esperanza y esperanzas con los ojos,
de bello encaje tu vestido, libre de zapatos, hermosa niña de los sueños:
Hermosa la lágrima de un venado muerto,
hermoso el latido de una manzana enterrada en el humo,
hermosa la montaña quieta sobre los huesos de la ignorancia,
hermosa la tierra mojada que entra en la boca,
hermoso el corazón callado que calla el absoluto:
Estelares pensamientos como truenos, rayando la noche inevitable,
la noche de la cabellera suelta y la imaginación rota,
los amantes huyendo como ratas a su guarida,
con los dedos azules y la boca fría,
desesperados por entrar al infinito en la hermosa noche
de hermosas carnes abiertas, meridianas, como flores hermosas:
Todo lo que huye de mi tinta,
inclusive la tinta misma huyendo
hermosa hacia sí misma:

Soy lo que está detrás de todo esto, observando cada cosa,
oyendo, con el oído suave de tanta soledad y belleza, cómo todo se existe,
cómo todo, a pesar de mí, se escribe y se existe:

Palpitante espejo que rutilas a la mañana
donde me despiertan todas las cosas hermosas.


DONDE JUEGA EL MUNDO 


El salón de juego del mundo, lo recuerdas:
Tu cara es como la tierra agrietada luego de las lluvias de verano,
rostro que aprieto sin violencia, para que no se quiebre:
Calles enteras, opulencia del vacío, sinfonías veladas,
acá y allá se pesan, como la novedad del miedo en sangre:
Nuestros días son santos, dijiste. Nuestros días
son como pequeñas partículas delirando en el yermo de la locura:
Y la luz, dijiste. La luz
es como la llamada final de un mundo que se ha quedado ciego:
La luz es su grito:
Lobos finitos, síntesis del vello antártico entre tus dedos de escayola:
Madre, padre, he aquí mi yo mismo, dijiste. Mi yo mismo
que es como la ausencia del miedo que los unió en el amor:
Yo, el inesperado, el inacabado, la espada en la niebla,
los dientes afilados de la tormenta, yo mismo mío:
Los bloques de los panteones que se caen a pedazos,
como cada recuerdo del humano probable (jamás el posible):
Un profeta asaz, lleno de ondinas en la cama de aliso, lleno de pecado,
gritando tu nacimiento sobre una estrella muerta hacia
tantos años que ni la luz puede recordarla:
Y te erguiste, indoloro, lleno de azufre y rabia,
y te proclamaste rey de todo lo que sobre ti se extendía:
Mas los días de gloria han pasado,
dejando sólo estatuas molidas donde palomas huesudas duermen:
Y en los escombros de tu reino juega el mundo entero:
El mundo que recicla los pedazos de tus sueños
para que otros los usen y sean tú jamás tuyo:

El hombre nuevo se erige sobre tus cenizas junto al cadáver del olvido.


EL MILITANTE 


La historia, esa viuda hipócrita que bebe té
con gordas sacerdotisas de la lengua y no se inmuta,
ha perdonado a Pound por seguir a Benito, a Grass su juventud rota,
ha ejecutado a Lorca por rojo, ha encerrado 15 años a Holan,
mis jóvenes contemporáneos son abandonados a seguir banderas ajenas;
Como gotas cayendo sobre los dientes de un piano podría contarlos
a todos ellos, escritores, militantes, al final resta la historia:
¿Me perdonará a mí, que milito al lado de la muerte?
La dictadora suprema, la que todo lo reina,
y sin embargo, su tarea es dolorosa,
teniendo que quitar a veces un niño de sus padres,
o un abuelo de sus nietos:
La he visto sentada, con la frente arrugada y la espalda erguida:
Cual dios orgulloso no deja caer una sola lágrima,
pero a veces, al apretar su mano, yo, arrodillado a sus pies,
siento el latido del mundo y el vacío del miedo:
Le pregunto si su cordura tambalea, o si está cansada de dictar
la imagen real de los hombres ante ojos de los hombres:
Sonríe amarga y aprieta mi mano:
"Sólo temo lo que sucederá cuando nadie quede sobre la tierra,
y mi mandato sea inútil, y la soledad eterna":
Comprendo mi futilidad y su destino de reina estéril,
y le digo que estaré con ella para siempre:

pero hasta lo eterno tiene algo para dejar caer.



IVAN RUSCH nació en Lomas de Zamora el 7 de Septiembre de 1986. Poeta argentino, fue publicado y reconocido por renombrados autores como Alejandro Schmidt (Palabra Argentina), Hugo Toscadaray (El whisky desnudo), Alicia Gallegos (Octavo Boulevard), Marcelo Augusto Pérez (Psicocorreo), Eduardo Fdez-Marto Machado (La torre de Montaigne) entre otros.  Publica de manera gratuita y de descarga digital su primer libro Trilogía del Hombre (2014), y de la misma forma, esta vez en la revista literaria colombiana Literariedad, publica su segundo libro El otro idioma de la muerte (2015). Actualmente se encuentra presentando Azul cristal líquido (2016), un libro de poesía que lo reúne con la autora Sandra Figueroa (Argentina, 1966), la poeta Zhivka Baltadzhieva (Sofía, Bulgaria, 1947) y el artista plástico Imaizumi Hidetaka (Tokyo, 1972). 

Published: By: Analecta Literaria - miércoles, julio 20, 2016

 

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