27/9/14

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Brog Maián


Brog  Maián
Cinco Poemas



I

Un coffee break barato,
de filtro,
con pelusas viejas
y azúcar húmeda.
Entonces piensa que es tan obvio pensar/decir que se piensa.
- ¡Eso no vale! - dice uno
- Creó un principio - grita el otro
Mientras tanto en la esquina a una vieja se le cae la bolsa del pan, el perro que pasa se abalanza decidido sin hacer caso omiso a los gritos esforzados de la rulero señora alpargata con ventilación adicional.
No sabe si pegarle con el bastón en el riñón o en la cabeza.
En eso que decide vive una pelea imaginaria a lo ninja tortuga oriental - obviamente - y con eso se queda tranquila. Se va.
- Piensa que...
- Callate.
- Retruco - se oye
- Sí, quiero.
Guarda quel che si mangia il cane! Es una paloma, le iba a robar el pan. gli piace! gli piace! ¡Miralo al perrito! ¡Qué lindo!




II 

Vaciarme hasta no tener nada,
vaciarme hasta no poder encontrar un fondo,
vaciarme, exhalarme, destruirme, sin amoldarme,
sin aceptar con un sí cabeceado,
sin decir “Las cosas son así".
No quiero gritar rebeldía,
no quiero odiar,
ni quiero
mucho menos
amar.
No quiero despertarme un día
 para darme cuenta de que no importa nada.
Aunque en realidad
   ese día
      ya
                           llegó.
Volar es imposible entre tanta gente amontonada,
es imposible levantar los pies del suelo
sin tener vértigo,
sin sentir el peso del miedo
que me tira abajo como un plomo en el pecho,
amarrándome a una dimensión desconocida,
desolada, desconsolada
Una dimensión en donde el dolor
  me jala del pelo y me escupe en la cara
    sin tacto, sin arreglos lingüísticos
Me toma
Me deja sin aire
Me grita
¡Inútil, no te das cuenta de que sí importa!
Entonces me arremango, me detengo en el borde del abismo, no salto, porque me atrevo a pararme derechita, sí, derechita como los soldados, derechita como los edificios que me rodean, derechita entre toda la gente. Y le doy una buena patada al dolor para que deje de tirarme el pelo, y lo tumbo, y el desde el suelo se ríe, no, no se ríe, sonríe, orgulloso de mí. Tiro el miedo por la ventana y me desnuco bailando, y me descontrolo, me saco, me reviento, me lloro, me rió, me consuelo, me dejo de joder con eso de tenerme pena a mí misma y grito rebeldía, y odio, y amo.
Levanto
los pies
del suelo
¡Váyanse todos a la mierda, estoy volando!


III

No voy a escribirte.
Voy a sentarme
a fumar
a leer
a beber
café
frío.
Cuando ya sea tarde
para todo.
Y voy a mirar el cielo
hasta que se me llenen de cosmos los ojos,
y se cierren por el peso
del universo
en los párpados.
y tenga que mantenerlos herméticos,
y sonreír con todo el cuerpo
como los ciegos,
que fuman
y leen el tiempo con las manos
y beben
café
tibio,
justo a tiempo
cuando yo me siento
a escribirte
que no te voy a escribir más.


IV

Que ganas de besarte la nariz y darte palmaditas en la espalda diciendo:
¡Que buena chica, que buena chica!
Mereces que te traten como a los perros; con esa paciencia sorda que se quiebra en un instante,
Y el amor que destila una herida narcisista
Hecha por una espina de pescado clavada en el corazón.
El perro no necesita que le digan que es un buen perro, él ya lo sabe.
Pero el humano necesita reconocimiento, y le da al perro lo que quieren que le den a él.
Entonces, reconocimiento el perro tendrá,
Aunque esto sea, al fin, una triste burla.
¡Que buena chica, que buena chica!

V

Nadie me dijo que misterio decoroso envuelve a los pájaros azules
Ni a los corazones que dejan de latir para sí, y laten porque sí.
Nunca nadie me dijo que mi corazón era un pájaro azul,
Y que algún día, eventualmente,
Simplemente se cansaría
Del misterio,
Que dejaría atrás la rítmica de sus latidos
Para transformarse, apenas,
En un intento de sirimiri.



BROG MAIÁN, nació el 20 de mayo de 1994. Casilda, Santa Fe. Estudia Licenciatura en Letras en la Facultad de Humanidades y Bellas Artes, Rosario.

Analecta Literaria

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

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