3/10/11

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Alejandro Gómez García


Fragmentos Desaparecidos 

De Códices Mayas
[Libre interpretación del autor]


CHAC BOLAY


Soy toda la selva del mundo,
ríos y árboles en la madrugada
-negro acechante.

Instinto salvaje:
camino hacia el crepúsculo,
en busca de la yugular de Tonatiuh.

Curtid mi piel,
y osad  vestiros con ella.

Seréis nadir.

Ni así llegaréis a ser Jaguar.


FELONÍA



"Todas las cosas por fuerza inmortal, ocultamente, 
están ligadas  una a otra, tanto, que uno no puede tocar 
ni una flor sin perturbar a una estrella".

     Proverbio azteca



Nunca me vieron la cara.
Entre susurros,
conspiraciones y grandes banquetes,
nunca entendí,
de qué me hablaban los hombres de uñas largas
y siempre con fruta en la boca.

Yo quise a mi gente,
y muchos murieron por ver
a los chicos que corrían por los maizales,
en un mayo abrasador
-los envidio-.

Luego,
cuando los chamanes empezaron a ver dioses en la tierra,
ya era demasiado tarde para levantar las grandes torres.

El pueblo pidió al Sol
su bermejo mañanero:
y todo se lo di:
desde las piedras solemnes,
hasta las cuevas de los acantilados.

Corrimos,
pero los tejados de las chozas ardieron
como si el Sol hubiera rodado por las calles.

Me rendí,
no como un emperador,
sino como el hueso de un perro:
enterrado y olvidado al antojo de su nuevo dueño.



II



"Pueden pasar 1000 años para que suceda algo extraodinario, pero basta
con el suspiro de un dios para que el curso de los tiempos cambie"

Proverbio maya.


He visto crecer los campos de tlayoli,
sacrificar a los hijos de mis abuelos desde escaleras rojas.
No todo era escritura incognoscible,
planetas y barcos del más allá.

Hubo tiempo fértil –Sol-,
noches en que los besos eran más grandes que cualquier ciudad.

Un día desaparecimos entre canciones y leyendas.
Aquella noche la selva no paró de gritar a la Pachamama
-aún se escuchan los gritos-
entre la paja que ardió y la peste de Hernán Cortés:
luché en el fango contra pieles de piedra plateada.
Me ahogué en D.F.


MADRE


Recuerdo a mi madre recogiendo frijol,
venir cansada,
buscando un abrazo que nadie le daba,
mirarme como a un anciano,
e ir a llorar sola al río
-tenía las manos de un hombre.

La recuerdo
apilando maderos, como nos enseñó padre,
y darles fuego con las brasas de la noche.

Ahora dicen que él está en el fuego de las hogueras.
Ella nunca se lo creyó.



PADRE


Padre:
es la mano que se extiende desde la hoguera,
hasta el lago dócil.

En las madrugadas, al raso,
no hay padre sino tribu;
y todos lloramos si toca partir.


Él es corteza de árbol,
hermano y espíritu protector cuando parta.
Entonces,
él será tribu otra vez
-cuando todos lloramos-.


TÓTEM


Mira esos cedros.
Dentro de ellos
se hallan los osos y águilas que partieron sobre sus raíces.


No es tan complicado de entender
lo que el cedro dice cuando habla con el viento:
habla de a quién lleva,
de cómo, aún, no está en el mundo del espíritu.


Nosotros lo tallamos
para dejarles andar su camino:
así, ellos nos protegen y ayudan en el nuestro.

Si alguna vez la palabra fue árbol solemne:
Tótem.


CHAMÁN

Si te arranco esta flecha,
y tu corazón sigue latiendo,
no es que quiera aliviar tu dolor,
ni quiera consolarte;
no pretendo sanar tus heridas,
sino tu espíritu,
el que aún no está preparado para partir si te quedas.

Sólo estoy aquí para guiar.
Soy chamán.







ALEJANDRO GÓMEZ GARCIA, Poeta, Fotógrafo, Músico Percusionista, Ilustrador de libros y Pintor español nacido en Madrid, en 1980. Cursó estudios de Arquitectura Técnica en la Universidad Politécnica  de Madrid. Colaborador de  diversas publicaciones poéticas internacionales, entre ellas:  Gaceta  del Centro Histórico Nacional de Guatemala, Estrellas poéticas, e Isla Negra (Argentina).

Analecta Literaria

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

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