2/3/10

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Omar Antonio Falabrini

Omar Antonio Falabrini
Tres Poemas Inéditos



CASI UNA CONFESIÓN

Creo que esta noche he masticado la ingenuidad de la fiesta...
Sobre las calles espantadas,
al verme volver con cada paso al frente.
Y se agotaron además,
todos los reflejos, cansinos de madrugadas.
Todas las improntas bastardas de adioses.
Casi como la cerveza, que ahora busca el bolsillo del saco,
se escurre la mirada en el no sé qué Celestial.
Yo ya no tengo bienvenidas,
ni un gusto tu llegada;
ni tanta otra retórica hacia mi cuerpo de mástil.
Creo que mientras camino
me preguntaré:
-¿Quién barre el papel picado de la fiesta de la conciencia?
Y nadie tendrá labios para una palabra.
Y nadie sabrá el por qué de tanto hielo
y Gluc, Glup, Gluc...
Y todos creerán que las onomatopeyas son graciosas.
¡Qué en encuentren la gracia al pensar el cañón!
Disparado después del coñac…
Que encuentren la gracia si quieren,
ahora que de la bienvenida me olvidan,
y creen que los locos son Suipacha y Santa Fe
donde venden pantalones baratos...


REALIDAD RACIONAL


Este sentido que me lleva
a lamerme los huesos
En el postrero momento.
A pensarte toda entera
tripas, carne y ombligo...
descontento, distancias...
Como lo fuiste cuando eras,
en mí lo que no veía.
Tripas, carne y ombligo...
un emblema, un vicio, un vacío
una lluvia, un lloriqueo.
Este capricho de aquel encierro,
de no ver la calle más allá del candil.
De adormecer ese alarido
que a la congoja de ser quien sos
me lleva, como es constante,
a olvidarte siempre a medias,
ahora que descubro sólo tu jerarquía
de tripas, carne y ombligo...


UNA PARA LA QUE FUE PRESENTE


Ya sé que yacen impunes los besos en tu recuerdo.
Ya sé que se han caído las cumbres,
Las cumbres constantes que fueron los pisos de estos versos.
Ya sé que tuvimos por manos las caricias
Y saboreamos el pasto de la costa,
Con la costra húmeda de tanto beso.
Que cada querencia en la orilla, regalaba otra bandera.
Ya sé que tus amantes andan doliendo
El mismo dolor que yo, cual monigote colgado de tu piel;
Y que la miseria que por sensitivo me pesa,
Es el misterio mismo de haberte develado.
Ingenuo y pobre de mí ahora,
Que hago mística la copla de tu carne,
Que traigo la tentación de hallarte desnuda y a la vez horrible,
En la cadencia decorosa del llanto,
Cuando relegabas soledades a los que serían después.
Cuando traías a la siesta
La misma moldura que el cielo pardo te moldeó.




N de la R: los datos biobibliográficos del autor puede el lector interesado consultarlos en nuestro anterior post del día jueves 29 de octubre de 2009 en esta misma sección.

Mónica Delia Pereiras

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

1 comentarios:

Palabras Remachadas dijo...

y Gluc, Glup, Gluc...
Y todos creerán que las onomatopeyas son graciosas.
¡Qué en encuentren la gracia al pensar el cañón!
Disparado después del coñac…

Me aflojó dos dientes esto!!

 

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