14/4/15

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Camila Charry Noriega


Camila Charry Noriega
Seis Poemas


De: El sol y la carne


ANATEMA

Flotaban en el río
los cadáveres de varias vacas jóvenes.
Tras unos arbustos
y estremecido por el agua
que en medio de la muerte se movía
un becerro apareció.
Gemía y corría tras la corriente
para alcanzar el fango
que ya vencía los cuerpos.
Desesperado
sin entender los caprichos de Dios
y el tajo de desdicha
que le había tocado
a la tarde bramaba
y a su paso
un hilo brillante de sangre iba dejando.
Corría entre las ramas
herido y triste.
Lejos, en la sabana,
aún el galope de los caballos
fustigados por el grito de los asesinos
rondaba las montañas;
eco de batalla que se sostuvo toda la noche
aunque ya no hubiese
hombres ni vacas
con quienes festejar esta matanza.



BOJAYÁ

Les trozaron las manos
y en el pellejo de otros muertos, los labios les hundieron.
Para comer
después de tres días
les llevaron las tripas de sus perros.
Detrás de los árboles
unos cerdos esperaba las sobras
las falanges
los tendones quemados
que aún temblaban
pues las balas
dentro de estos pedazos de cuerpo,
de mundo,
seguían calientes y sacudían la piel partida
por el plomo final.


ENTRE LA RED EL PEZ AGUARDA,
estaca la red que impide su huir.
Agua y pez socavan el hueco del tejido
en un bello intento de fuga.
Perpetuidad su vuelo entre la nube de mar que lo consume.
El pez reconoce pronto en la entraña del agua
el espejo que lo reclama;
bebe su instante de verdad
sin alegría.
Vuelve del otro lado de la red cocido.
Igual los hombres acá,
regresan del otro de la calle
cocidos, su hambre intacta.


EL ARO

Rodaban por la montaña
eran un solo río
que atrás dejaba
la carne flagelada de sus padres.
Como un río eran una sola herida
que vagaría por las ciudades
hasta la época de la ceniza.
Un río que florecía como un largo puñal eran.
Traían en las manos
amados
afilados huesos
armas o amuletos
tallados con el brillo de los dientes
por si la sombra los volvía a encontrar
ahora huérfanos,
curtidos.


SE ACOSTUMBRA EL CUERPO A SER MUÑÓN
y desea de lo perdido su verdad, su belleza fulminante.
Se hace más presente el deseo que el muñón,
su latencia de carne mutilada.
Esta cruel servidumbre:
descreer del hombre,
para otros,
esperar al Buitre
dios, de todos,
el domador más cruel,
negrura del pan
el otro continente, el muñón que palpita
atado al cuerpo roto.
Una palabra en llamas para el hambre de este mundo.
Un escupitajo contra el andén caliente.
El pan que en las manos del que espera
se descompone,
hiede.


LA PALABRA HA MUERTO,
sin ella
¿Cómo nombrar a Dios?
En el silencio,
en la ausencia de palabra
el mundo flota como una idea
ensombrecida, virtuosa
y también Dios,
su lenguaje hecho de capricho humano
de humana incertidumbre.
Ahora, cuando no hay palabra
cuando el lenguaje abandona
su servidumbre,
su súplica, aún digo:
–Dios, sálvame de tu furia, dame luz y sed
protégeme de mí misma,
aunque sea haz que en mí las palabras digan algo
traigan algo
revelen alguna verdad
si es que acaso existes–.



CAMILA CHARRY NORIEGA, nació en Bogotá, Colombia en 1979.  Es profesional en estudios literarios y  profesora de literatura. Ha publicado los libros Detrás de la bruma, Bogotá, Colombia, El día de hoy, Colombia, Otros ojos, El ángel editor, Quito, Ecuador y El sol y la carne, Madrid, España. Ha participado en diversos encuentros de poesía  en Europa y América. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, rumano.

Analecta Literaria

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

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