6/11/14

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Ernesto Simón


Ernesto Simón

Tres Microficciones



PESEBRE

Año 2129: el mundo es un caos. Dios decide pedirle explicaciones al Papa. Lo manda a buscar. Lo encuentra. Una vez que lo tiene enfrente, le pregunta: ¿Qué está pasando? ¿Qué nos pasó? Veo que el mundo se nos fue de las manos. El Sumo Pontífice se toma unos segundos y le dice que no está claro qué es lo que sucede en la Tierra. Supongo que la ambición del hombre, sumado al predominio irreversible del Mal, está prefigurando un escenario que no habíamos contemplado. Dios se queda callado. Lo mira. Espera. Señor, dice el hombre, predicamos por doquier la palabra que nos dejó tu Hijo, edificamos un templo en cada pueblo o gran ciudad y fuimos fieles a tu mandato. ¿Qué falló? Ahora Dios lo mira extrañado. Frunce el ceño. Pregunta: ¿Una iglesia en cada pueblo?, ¿una sucursal de mí morada en cada ciudad, por pequeña o grande que sea? Sí mi señor, tal como lo dices. Dios hace silencio de nuevo. Pierde la mirada en el horizonte difuso. Suspira con nostalgia. Y dice: Quién iba a imaginarlo, si empezamos apenas con un pesebre.


LO PELIGROSO DE LA NOSTALGIA

El problema es que todo sucede a destiempo. Todo llega tarde, cuando ya no hay nada que hacer. De niños solíamos sentarnos al costado de las vías para ver pasar el tren. Ahora entiendo qué era lo tan atractivo. El tren venía del pasado. Al cruzar arrojaba un viento furioso que levantaba latigazos de nuestro pelo contra la cara. Y después, bueno, después era el futuro. Se veía lejos e inalcanzable. Hasta que ya no lo veíamos más. Pienso en lo peligroso de mirar hacia atrás. El pasado es un fantasma que regresa por las noches: asusta. Bang, bang. Dos balas batiéndose dentro de mi cabeza. Sangre caliente corre por la sien. Nunca sospeché que la memoria podía ser tan oscura. Ahora comprendo lo peligroso de la nostalgia.


LA SOMBRA

Cansado de presidentes que rifan el país, o de estos otros que bajo el disfraz de patriotas se sientan a la mesa del Imperio, Luciano ya no supo en quién creer. Ha subido al techo de su casa. Desde aquí todo se ve más claro, piensa. El sol pega fuerte y su sombra es nítida. ¿Qué camino debo seguir?, le consulta. Y pasan las horas. Mientras conversan, él se mueve para todos lados. Camina. Va, viene. Pero su sombra se ha mantenido apuntando siempre en la misma dirección. Luciano se pregunta si será ésta una nueva lección que le ha dejado esa cosa difusa y oscura a la que todos llamamos sombra.


Las tres microficciones pertenecen al libro de Ernesto Simón, 77 historias, editado en 2013 por editorial Milena Caserola.



ERNESTO SIMÓN nació en San Juan, Argentina, en 1969. Es periodista y escritor. Ha conducido ciclos de radio y ha escrito en diferentes medios gráficos. Ha colaborado con notas para la Revista Rumbos, que se edita en los diarios dominicales de casi todas las provincias del país. Ha publicado cuentos en Diario de Cuyo, de San Juan, Diario Uno, de Mendoza y Diario Perfil, de Buenos Aires. Escribió artículos para revistas y diarios de San Juan, Mendoza y Buenos Aires. En 2010 escribió la obra de teatro Todos dicen algo, que se estrenó en el Festival Nacional de Teatro por la Memoria. Ha sido columnista de cultura y espectáculos en programas de televisión abierta. Escribe sobre música, autores y bandas en la revista Pensar Musical. Escribe sobre cultura en el sitio La Voz Joven. En el año 2013 publicó el libro de microficciones 77 historias (Milena Caserola). Actualmente sigue escribiendo para Diario Perfil.

Analecta Literaria

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

1 comentarios:

Marcela. dijo...

Excelente autor. Sorprende con cada uno de sus relatos

 

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