2/10/14

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Miroslava Rosales Vásquez



Seis Poemas Inéditos



Discípula de pájaros y nubes

Me decías |discípula de pájaros y nubes|
y prendíamos la ciudad con las altas notas del delirio

La vastedad volvía con tu nombre
con la violencia inusitada de sus tres sílabas

Los dos veníamos del sismo
sin fronteras sin equilibrio sin relojes

Al fin
estaba en esa habitación blanca y sin memoria
sin kilómetros de distancia
como verbena en una fuente
y tu voz descendía del metal de los sueños
descendía hasta mis galerías subterráneas
y yo salía con los ojos sin cubierta a su encuentro
y entrábamos a un espacio con paneles de luces psicodélicas
un espacio de rotación y aullidos
Todo cabía allí:
tu demoledora lluvia y tu lenguaje del arsenal de la ternura
Creabas el delirio en un instante con tus manos

Esa noche
navegaba la constelación de tu espalda eléctrica
y tu cuerpo de arena y penumbra se diluía
y te llamaba con un saxofón
en esa habitación pequeña y de largas ventanas
con el aire acondicionado a 10 grados centígrados

Esa noche se cerró en murmullos en cascadas de relámpagos
y seguí siendo una |discípula de pájaros y nubes| las noches siguientes


Breve recorrido

Ocultaba retamas amarillas nudos de alambres oxidados y caracolas en su interior Se lanzaba como niño a la piscina y salía recubierto de algas y fango día tras día Oh corazón bajo el signo del fuego perdurable largo río de espejos rotos y calaveras

¡Qué espectáculo!

El corazón una semilla pulpa conejo o tiburón hueco de una casa a punto de derrumbarse esfera o llama de plata

Este corazón no conocía las calles de la turbulencia ni avizoraba la muerte solo el rastro de los aviones o el globo de un niño

¡Ah corazón cuántas veces caías en ti mismo como piedrita en el agua!

Pero el corazón se volvió colosal de pronto extendido distante

Salió dando aullidos y patadas El coloso era un cuerpo desposeído de laberintos de altas paredes y cal

Esa colosidad ese desenfreno ese viaje en patín o expreso no era más grande que su tristeza la misma de su prehistoria que volvía a su puerta con otros andrajos Tantas puertas cerradas tantas ventanas cerradas a su alrededor como si las alas de todos los pájaros hubieran sido cortadas en un instante

Y en su nacimiento ese aullido que dio por primera vez rompiendo los cristales del silencio perduró en su memoria

El corazón se fue construyendo bajo la lluvia

Oh corazón que pareces un niño herido que se desliza en un tobogán y nunca llega al otro lado al más allá el allá donde se sabe se dice que hay flores amarillas pero no como las flores desteñidas que recuerda haber visto en los sueños no otras flores amarillas vivas como una adolescencia o baile

La colosidad del corazón es de arcilla bruma escarcha La colosidad de este corazón se sabe miserable ¡Cuánta revolución de trompetas! ¡Cuánta tensión de cuerdas en un mismo corazón!



Súplica

Después de tantas colisiones titánicas después tantas devastaciones en los tantos edificios de la ciudad de tantos cuervos en su entorno el corazón pide un minuto de resurrección que sus caminos sean fértiles y lumínicos que las cerraduras cedan a la palabra de volverse una estructura inexorable en una ciudad de brisas y soleados días con árboles altos y frondosos de estrellas con calles sin sangre con margaritas en las aceras y hombres que rieguen de vida cada estación El corazón pide la venida del canto y los frutos los ojos abiertos la claridad de todos los pasillos que recorrerá en interminables viajes de vigilia El corazón solo pide un minuto de ternura a sus ruinas de sal


Muchacho tu llamado viene de una costa desconocida


Muchacho tu llamado viene de una costa desconocida de un dominio marítimo lejano muy lejano y eres una astilla de ternura en este silencio de medianoche

Estoy a la otra orilla y te espero con un pañuelo blanco una canción de meteoritos y una canasta de nísperos y soles ¡Cómo quisiera traerte a mi país de asfixia y corazones que han dicho tanto adiós! ¡Construir un puente a la fértil costa de tu corazón!

Naces lo sé de las estrellas de mar de la belleza de los playeros blancos que migran a tu tierra para la temporada estival Y te imagino con la niebla besándote las mejillas como una enamorada

Muchacho en este punto del mapa sombrío te llamo
y todo es tan lejano



El muchacho y el baile


Conocí a un muchacho que en principio me supo a miel y claridad en un baile de viernes
Él venía de un país de aceitunos y almendras y anís
                               de un caos insospechado en forma de corazón
y en mi paladar parecía el trópico sin cercos eléctricos
pero podía ser una mañana de otoño con esos sus ojos que tantas veces me dieron júbilo de orquesta
era el milagro de la gruta más remota
pescador de hundimientos y perlas
y
  en su bolso traía la partitura de la lluvia
y la extendía como un horizonte para salvarme del duelo
me había convertido en un jardín extenso de margaritas cuyo centro lo habitaba como un gobernante admirado
creí que carecía de cactus
                                            —lamentable error—
                                                                                 de precipicios
y me adentré a su llanto de niño
así dando ofrendas de leche purificada y mariposas

Sabía que no me podría pertenecer
que siempre la distancia nos acabaría el incendio
sus besos no serían exclusivamente para las aletas de mis sueños ni de mi idioma
más bien serían arcoíris repartido

Y me enamoré de ese muchacho que arrastraba las palabras a mi corazón con una agilidad de ladrón muy avanzado
y caí en sus vendavales
—siempre volviendo como ondas sísmicas—
y le enseñé a bailar en pareja
                                         a dar giros de belleza en la tormenta más pronunciada
                                         a volar como una cometa en octubre sin temor a los cables de alta                                    tensión
pero él siempre fue un extranjero dentro de mis ondulaciones
un extranjero que hoy regresa al continente de su soledad



A cuentagotas


Nuestro amor terminó como unos zapatos muy desgastados que han transitado tantas veces el excremento

Mis senos ya no te parecen las olas el huerto donde sumergir tus manos de algodones de azúcar
(tantas veces
                       con la luna de aliada
                                                          las besé
porque yo
                 navegué sin necesidad de pasaporte tu frialdad
yo sí fui una palmera en tu costa sin hoteles de lujo ni turistas)

Aspiraba tu continente como droga en nuestras noches
que siempre fueron arrebatadas
                                                    y zumo de limón
adolescencia ardiente para luego caer en una lágrima

Yo
     la nereida que te dejaba exhausto con sus sueños de manzanillas y discotecas en erupción y estrellas de mar y naves espaciales
te parecía
                una chica que andaba en motocicleta y botas  y chaqueta de cuero y se metía a los huracanes sin ver por el retrovisor
y bailaba
               en medio de las explosiones solares
Yo
     la chica con sombrillas azules y pájaros malabaristas y cantatas de nubes y caracolas magenta
y parques y columpios y niños jugando con pelotas de arcoíris en su corazón
yo como verdadera abeja reina no me sometí a tus ordenes de relámpago
     
Te di cometas con luciérnagas en sus orillas la primera noche
guitarras y trombones esa noche que nos pasó como un caballo de carrera
no sabías que tatuaría arabescos de mariposas en tu pecho desde esa primera noche acobijada solo por las estrellas de octubre
millones de bombillos eléctricos a tu soledad

Vos
       me recordabas a los naranjos detrás de un cerco eléctrico
al maquilishuat en verano capaz de conmover a los ladrones

Y tu espalda
                        y tu espalda
                                             y tu espalda el campo magnético donde me podría haber perdido hasta enterrar mis palabras

Amor el paraíso lunar me lo diste a cuentagotas
                                                       a cuentagotas
                                                       a cuentagotas



MIROSLAVA ROSALES, poeta nacida en El Salvador,  el 14 de diciembre de 1985. Forma parte de la Dirección Nacional de Investigaciones en Cultura y Arte y del comité editorial de la revista ARS. Es miembro fundador del Staff internacional de «Letra de Cambio», la sección de nueva literatura hispanoamericana de Analecta Literaria [Argentina]. Tiene a cargo la sección «El vértigo de Hispanoamérica», de la revista Kiliedro. Perteneció al extinto taller literario El Perro Muerto. Su trabajo aparece en las antologías Nuevas voces femeninas de El Salvador (Editorial de la Universidad de El Salvador, 2009), Una madrugada del siglo XXI (2010), Las perlas de la mañana siguiente (2012), Ventanas de libertad (Secretaría de Cultura, 2014), The Theatre under my Skin. Contemporary Salvadoran Poetry (Teatro bajo mi piel. Poesía salvadoreña contemporánea) (Kalina Editorial, 2014), Resistencia en la tierra (Ocean Sur, 2014); y en revistas de España, Canadá, México, Colombia, Perú, Venezuela, Argentina y Centroamérica. 

Analecta Literaria

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

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