14/10/14

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Matilde Méndez


Matilde Méndez
Poemas Éditos e Inéditos



De: Poemas de Hacedora de Lluvia, (2014)


Ancestral la sequía
arrasó con todo.
Cuántas tormentas
harán falta para sanar
los callos de los talones
después de caminar años
en tierra y piedra.
Me secaron los tábanos
me mordí la lengua para calmar la sed
me chupé los dedos.
No alcanzó.
Pedregal tierra salada arena
lo que queda
te lo doy envuelto
en pañuelos de colores.
Abrilos de a poco
de espaldas para no confundir
viento con temporal.
Y es que estoy tan agotada
de mendigar quereme
rasposa no me traiciones.
Este puñadito te doy tomalo
guardalo bien
no lo malgastes
que estoy tan seca
tan seca
y no sé hasta cuándo.

   




Durante meses lo vimos
rondar su amenaza desde la altura
agitar apenas las alas
quedarse inmóvil
mirando fijo como nosotros
el mismo punto. Dejó caer
como un aviso de a una
las plumas negras enceradas
para que las encontráramos
a nuestros pies en las mañanas.
Sentimos el acecho
lo vimos venir con mal agüero
no hicimos nada. Cuando quiso
arrancó con su piquito
de entre las grietas
el brote que habíamos puesto
bajo el amparo de las piedras.
   
 
 


Invocamos, para no olvidar, al olor
del pasto recién cortado
la humedad en los pies al caminar
sobre la tierra amanecida.
Masticando palitos como si fueran
tallos verdes carnosos
nos tiramos boca arriba para ver
algo en movimiento.
Algo que avance en dirección constante
hacia adelante algo
que después de un rato no podamos
ver ni asir ni recordar.
La forma efímera de lo imprevisible
esa nube carro caballo cascada
como las palabras que nos decimos
para reírnos
para mojarnos los oídos y la boca
con gusto a tallos verdes
livianas en la mezcla confusas
sin trascendencia como las notas
de una fuga pisándose los talones.
Desenrollamos la alfombra
dejándonos caer por la pendiente
para sacarnos las capas
como a un niño envuelto.


   


Tratá de no olvidar
la percepción del viento
el viento tratá
porque es la manera que tenemos
de aferrarnos a lo que nos deja
a lo que se desmorona
a lo que se irá algún día.
Este aire caliente irrespirable
tus narices llenas de polvo
las pestañas duras
los trigales muertos
el relieve de tus huesos tratá
de recordar todos los nombres
de lo que ya no es.
Tu aliento pastoso guardá
unos instantes y retené
la marca de la piedra en tu mano
antes de arrojarla al pedrerío.

   




Porque después del desborde
siempre queda el lodazal
fabricamos como castores
con ramas barro y saliva
un dique de contención
tan eficaz que el agua
no volvió a pasar.
Ahora hacemos excursiones
al lecho del río para ver
las ruinas y entender cómo era
eso que estamos esperando.

   

   

Se nos ocurrió también
sembrar peces
quizá atraigan el agua
pobres peces
nadar en tierra
cómo pudimos pensar
algo semejante
el brillo de las escamas
como broches de lentejuelas
pegados al polvo.
El sol nos ciega
no distinguimos
si siguen vivos
si esperan algo
si tienen algo para decir.





POEMAS INÉDITOS


En el borde impreciso
donde el intercambio se produce
nos quedamos varados en puntas de pie
inclinados un poco hacia adelante
en equilibrio dudoso
por no traspasar
el lugar del otro.
Sin caridad tomamos lo que nos basta
y dejamos lo que nos sobra
como un pulmón se oxigena
en lo más delgado
de su límite.





Con cierta libertad me acerco.
Y cuando digo cierta quiero decir
un perro atado a una soga de cuatro metros
con entusiasmo
recorre el campo
donde esconder los huesos.





Los álamos en hilera nos dicen
de la organización eficaz del terreno
el espesor de su ramaje
la proyección de la sombra
creada en el invierno
para el sopor del estío.
Bajo los árboles pensamos
en los caminos frescos
de pedregullo y tierra
que se abren generosos
dispersándose entre los pastos.
Antes de llegar la presentimos
ignorantes, por su fijeza:
los álamos enmarcan la casa
para que de lejos no parezca
un barco flotando en el campo
a la deriva.



MATILDE MÉNDEZ nació en Buenos Aires en 1980. Es Profesora en Letras egresada de la Universidad de Buenos Aires. Coordinó las ediciones de El libro de los misterios, El libro de los viajes, Poner el Pecho, y la edición especial ilustrada de Facundo y Martín Fierro, entre otras publicaciones a cargo del Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En 2012, publicó El color de la nieve (Adriana Hidalgo) ilustrado por María Elina. Su poema “Magia telúrica (poema gualicho)” recibió el premio ArBol otorgado por el Ministerio de Cultura de la Nación Argentina y su par Boliviano. Hacedora de lluvia, su primer libro de poemas, será publicado a fines de 2014 por Ediciones En Danza. 

Analecta Literaria

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encantaron los poemas! que tengas muchos éxitos mas!

Daniel Diego González dijo...

Muy buenos lo poemas! saludos!

 

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