17/12/11

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Paulina Ailín Aliaga



Paulina Ailín Aliaga
7 Poemas 



LAS ALTURAS DE LA ESPECIE


Yo debo amar todos los brazos devastados
que se me avecinan sin calma
en trenes cargueros
con objetos de lujo para derrochar.

Debo amar la máscara de mujer briosa
que revienta el juicio en el origen
y cruje la carne de los brujos
y mesías sin colchón.

Pero no debo asegurarme en las alturas de la especie
que reprocha
                          el despunte de las alucinaciones

y la gloria en las ventanas

                                         desnudas
descorridas

regresando
tarde en la noche a pedir
carne y piel encargadas
a su dios

con el gusto del desierto

en las mareas del cuerpo.




AMANECE SE NACE

«Cada mañana hay que atravesar de nuevo la escoria muerta
 para llegar al núcleo vivo y cálido.» 
L. Wittgenstein


¿Un ojo está despierto si lo amamos a
la distancia y aprendemos la sazón que
lo acicala al mediodía,
de luz?
y después abrimos una lata de luz
y comemos hasta el hastío
y le hablamos
despacio al repartidor
y cuchareamos con fingida remilguez
con finas manos blancas
esa lata que vence este mismo día como todas las latas de luz
                  abiertas del mundo
vencen hoy
y a la mañana hay que correr
a nuevas cilíndricas y abrir
y la cuchara
y el rincón o la ventana de sentarse a adivinar
                                                    la evolución del sol
en los ojos
de un transeúnte amado


AZAHAR, BESTIAL SOLEADO


Abre.
Saca palabras de quicio
y se dirige al remanso
de su soledad.

Sacude, agita el polvo y desvanece

                                           una rayita de canción

entre sus piernas.

Acude a su alma
estruja su persona

y destila el vicio de su pecho: descubre

la palabra azar.
La palabra tiempo.
Y la palabra sol.

Ahorra todo: pronto
van a representar su sueño.

El fuego. La voz del día.
La palabra bestial
enternecida
                       otra vez.

saca el azar en flores de su pecho.

Soborna al tiempo,
le muestra el sol,
y el tiempo
se encandila.



HIJAS DEL DESMADRE


Hermanas,
hijas del desmadre
y el hambre, con su destino inconexo a las vitales del sueño que ay, atraviesa
carretea hecha rezos y andinas excrecencias a las hechiceras, las hijas del error, las
madres.
Las últimas en esperar que el sueño le arrebate el pudor a sus niñas. Las inconvencidas de la muerte y el dolor. Las que se cuecen a fuego lento en las madrugadas cortando la luz a la fiebre.
Mi madre acaparó la misión de desvestir a los santos de su linaje, y echarles fuegos fatuos encima para que chorreen sustancia las falsas deidades falsas etéreas falsas.
Mi madre conminó a las prisiones de la carne en mi a que dejáranme solita que ya iba yo a aprender, aunque doliese, a emanar insanidad de estrellas, baile, soledad de serpentina.
Mi madre es una tigra pájara indócil y arrulla con insidia la palabra agua, la palabra cielo, la remota savia de sus cleros personales.
Mañana abro el pecho a mis navidades únicas, mis rezos, mis misitas de imprecación sabrosa y entran sin que yo tema, porque mi madre auscultó la tierra y atrapó la luz de las guerreras naturales.
Madre me hizo fiera en camisón
hija líquida tierna de la carne viva del mundo.
Curandera:
desmadre tu corazón.



LA AVENTURA DE LA (IN)MORTALIDAD


Presencié una reventa clandestina de motivaciones injustificables, humanas y humanas.

Se revendía:

Excuso naderías, pero impulsadas por la búsqueda de la síntesis universal y colosal y salir del día para traspasar la eternidad.

Se revendía:

En fondo de caramelo, hecho por manos inmutables, un rebosante ímpetu hacia la cumbre, recargada de masa dulzona, densa y apremiante como la voz que llama a revolcarse y desencajarse en jardines.

Se revendía:

El fin. La clara presencia de un angustioso  rejunte de manitas desecadas a pajosas relamidas del sol cansino del mediodía. ¡el medio olor angustiante! Mediodía te podés ir o te pondré un bello filtro de esponja.

Y también aquí nada, pues nada pasará. Y todo pasará. Puentes de la melancolía para prologar la miseria de siempre.

Alguien escribirá una concisa reseña de lo que ya habrá de ser deliciosa bollería institucional.




HÚMEDO MANJAR DE ESTACIONES


se desollan corazones
de a uno

hasta encontrar el cuenco
que mejor sirve,

-según lo entienden las manos
y entre los huecos que quedan-   
para guardar el niño
las flores
las mentiras
                        piadosas.
Uno
desolla
lívido
hasta aprender
a ser otoño, dulcemente

a deshojar, y en cueros

se persigna

y ruge en su centro

esculpiendo con la premura
de la inminente intervención
del tiempo

el tronco deshojado
que revela
siluetas
informes.

Son esos cuerpos desnudos
del otoño
                   su belleza,
húmedo manjar de estaciones
que hará silbar
el viento entre sus hiatos

entre sus años huesudos

la pompa fúnebre
del mundo gris



EL ARTE INFAMATORIO



El arte declamatorio
comienza en la zozobra.
El arte infamatorio
es el destino de mensa humanidad y
ay
me fascina el desierto por el que llego
a esa sutil libertad
de presentar naturalmente
el destino del perro suelo y del pueblo
en un caldo estilo mar
y latencia urbana.
Pero
a qué apabullar con mañas
de latón y gomería
los carruajes de una tundra seca
-feliz celebridad blancuzca de vapor
Pero es ¡pavor
señorita equivocada
es en los labios del Sur que
experimenta
el aterido encargado del taller
cuando esa fresca partición
delinque y reza
entre millones de igualitas
particiones olvidadas
y floreadas de frío sin
mojar
ay
es acá que
se acampa y techa el sabor
gigante. El más híbrido sabor
a fronteras reventadas
y naciones partidas
a tocarse el cuero entre
las matas
sacadas de raíz y basta
de ambages.
Que se encajen las ruedas
en la lencería del bioma
bipolar
y se le rajen las medias,
sean largas carreteras largas
estaciones de vapor y terroncitos
de esa piel para el perdido
del taller entarugado en su
fétida ración
¡en su feta de razón!
y legañoso amanecido
en tibios huecos. Rellenados
con tal de seguir en pie
en esta mañana
idéntica
la gran salida de reserva
a merodear el campo
de acción
a ver si llueven
niños días
en las gotas de sus partos naturales.



PAULINA AILÍN ALIAGA nació en la ciudad patagónica de Comodoro Rivadavia, el 7 de septiembre de 1985. Es actriz, poeta, estudiante de Ciencia Política en la UBA, y creadora de la productora teatral Musas en Taparrabo. Reside actualmente en la ciudad de Buenos Aires. Inédita, ha sido seleccionada para la primera antología Nueva Poesía Hispanoamericana, Colección «Letra de Cambio 21» de Ediciones del Timonel (En preparación).

Analecta Literaria

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

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