17/12/11

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Lucio L. Madariaga



Lucio L. Madariaga
8 Poemas





A LA SOMBRA DEL TILO


Viene del monte un aroma a casuarina
y lujuria recién lavada
                                         que me envuelve

Arrojo los dados minerales:
números tallados por la constancia del viento
                                         astillan mi suerte
Ella gotea hacia arriba y cae
                                                   desnuda
      pero dispuesta

No hay dádivas para este corazón
                        señor de la mañana;

Altagracia en derredor, no tengo más verdad
que un salvaje palmar
                                    y el éxtasis en puntas de pie,
de saber,
               que este amor,
                                        se come
con las manos.




LA CAMA SIEMPRE ES PARÍS

Primer acto:

La transitada historia de la piel,
el sudor del sol, las sábanas mojadas
y su memoria a prueba de balas.
El aroma libertad,
la brisa por la ventana cosquilleando
espaldas,
los gemidos como propuestas,
el horizonte ya
y un zumbar de estrellas
para ladear
la finitud.

Fuera del tiempo:

Los ojos en estado de abrazo,
masticando los hermosos restos,
respirando la levedad del cuello,
un pie trepa otro pie,
la pierna trenza.

Arrancada la piel del amado atajos
a tajos reedificando el aliento;
lucido lumbre
del roce.
                       Espanto de la quietud.

La melodía del silencio:

un sueño lúcido.



MENSAJES, LAVAR LO ESQUIVO


Cuán hondo cala el frenesí
allí donde merma la duda
y florecen mil gajos
tremenda simple audacia
porque sí

Porque afirmás arena y firmás.

Dejás tu huella librada al azar
de horas y caminantes
que nunca descansan
a la tentación
                       de huir finales

Hubo un tiempo en que malgastabas
potencia,
                te diluías en la totalidad

Omnipresente, bárbara manta,
siempre a tu lado,
no siempre amable compañía

Ahora esquivás y te fundís;
surcás metas ajenas, tan propias,
humanas en contrastes,
volvés a desconfiar

Eso que hería, traía mensaje.



ALGODONES URBANOS


Piso tierra prometida.

El hollín,
                la basura,
el raterío.

Algodones de cartón
para cosechar bajo el diluvio
y tan sólo unos porotos
para contar los tantos
al hambre.

El tren blanco acopia la suma
de nocturnos sacrificios.
Cierran las puertas del abandono
y la necesidad suena a cumbia.

Guiña infiel la madrugada:

todoeshumo
                                                           o
                                                        v
                                                    l
                                             o
todo es                            p






SALTIMBANQUIS DEL TEDIO


Correrías de un crepúsculo reinante
en la fragilidad y el miedo.

ahjjj

Autoflagelo, ¿no te das cuenta?,
au to fla ge lo
es el aburrimiento de esta cueva
vestida de gala.

La libertad no es un bostezo
de sangre azul espesa.
Mear por las mañanas otorga,
incluso, mayor placer.

Desgajate, sacate ese traje
a la medida del tedio.

Poné tu cuerpo de cara al mundo, poeta.



EL CANTO REO


Un camposanto cobijó nuestros muertos.

Ahora es tiempo de retomar lo bárbaro,
componer la herejía de la herejía.

La poesía es una gran pregunta que acciona.

Certificados de función a la vuelta de la esquina.
A girar la página con un remanso bajo el brazo,
ventajeándole pasos al verano.

Cumpliendo designios
del sol,
con el fervor de criaturas sinceras,
sirenas,
            del canto reo.




TERCIOPELO FRAMBUESA


No vine al mundo a conformarme
  con destellos importados
azafranes para el hambre
                  
Gracias a la tiza mineral,
engracio mi cuerpo
                               desnudo
en candores ocultos
del patio trasero del mundo

Lecho sediento por vivir
                                         mil noches
de terciopelo frutal




METAMORFOSIS A LA INTEMPERIE


Un noche te soñaste tocando cumbia en un matorral
y estabas solo,
sin pesares,
conquistando luciérnagas con tu piel, saltando
como una rana loca de humedad,
regando el roce de tu acrobacia junto al rocío,
rodeado por un cortejo de moscas con olor
a jazmines,
corriendo desbocado y revolcándote
en estrellas.

Un día despertaste y la profecía
se había cumplido:

eras un animal.




LUCIO L. MADARIAGA nació en el barrio de San Cristobal de la Ciudad de Buenos Aires, el 15 de agosto de 1985. Estudió la carrera de Sociología en la U.B.A., que dejó inconclusa. Actualmente realiza estudios de Edición Editorial en la misma casa de estudios, y la carrera de periodismo en TEA. Escribe poesía, aún inédita. Es miembro del Comité de Redacción Internacional de Analecta Literaria e integra el Comité de Redacción Internacional de su sección Letra de Cambio. Es el Jefe de Sección de Dossiers de la misma publicación. Ha sido seleccionado para la primera antología Nueva Poesía Hispanoamericana, Colección «Letra de Cambio 21» de Ediciones del Timonel (En preparación).

Analecta Literaria

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

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