10/3/11

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Carlos Pintado

 Foto de Delio Regueral
 
Carlos Pintado
 
12 Poemas Inéditos
Especial para Letra de Cambio
© 2011 Analecta Literaria






1. BREVE TRATADO DEL ABSURDO

Por qué estas leves formas del sentido,
estos finos tratados de la muerte,
estos labios besados por el sueño.

Por qué la luz si toda luz es sombra;
el elogio de un cuerpo a qué conduce.

Qué pueden las palabras si están solas;

Qué caprichoso el gesto de morirnos
en la nada de Dios o en el espejo
de un muchacho dormido.

Qué cuerpo nos ampara si en la noche
la belleza nos tiende un frágil brazo
como un puente a lo eterno.

Por qué la intimidad como un abismo.
Por qué el aire, sus líneas resonando
en címbalos lejanos, imprecisos;

Qué puede parecerse a estar dormido.
Por qué la daga abriendo en la locura;
de qué puertos buscamos el regreso
como una luz lejana.

Qué entrañables las horas con que el miedo
a veces nos visita por descuido.
Qué sonoras las sombras si al besarse
van besando el dibujo de un amante.
A quién amamos cuando nos amamos.
A quién soñamos cuando nos soñamos.
De qué casa partimos si en la mesa
el fantasma que fuimos permanece
bebiendo un vino oscuro.

Qué puede haber más raro que mirarse
en los ojos del otro, en el espejo
de unas aguas que tientan.


2. ELOGIO DEL INSOMNIO
A Félix Lizárraga

Hay, en el sueño, un hondo espacio abierto.
Es inútil mirar: todo sueño es oscuro
como un pozo en la noche, el menos puro
pozo que es también sueño del desierto.
Pero algo en el sueño se agita como un monstruo,
despertando al durmiente en un segundo;
(Algo que no es acaso de este mundo
le revela al durmiente su rostro y el del monstruo
como si los dos fueran ese mismo
rostro que nos dibuja la muerte en el abismo
final de nuestros días). Luego viene el insomnio:
en la espesa tiniebla sus manos se adivinan,
y uno cuenta las horas a ver si ya terminan
ese duelo final de Dios con el Demonio.


3. VIAJERO, YO.                                

El barco zarpa y soy aquel viajero
que de pronto me mira desde el barco.
Más que el viajero, soy su mano alzándose
en la luz de la tarde y contra el cielo.

Huésped de lo innombrable: su silencio
es una cuerda ardiendo entre mis manos.
El barco zarpa y soy el miedo entrando
como el agua violenta en el naufragio.

Qué posesión, qué rapto su delirio
hará crecer en mí flores de espanto.

El barco zarpa y soy aquel viajero
o su memoria entrando por los puertos.


4. BOOKS & BOOKS, LINCOLN ROAD

La imagen es otra, adolece. El cambio de estación apenas se advierte. Leía Invisible de Paul Auster cuando entraste al recinto: yo sentado y los libros, muchos libros, el olor del papel y de la tinta y nada más. Entre Rudolf Born, Adam Walker y ella, estaba yo como un testigo absurdo, de paso. Las páginas se sucedían; pensaba en el impulso, en el deseo del impulso, esa materialidad con que se forman las cosas. Invisible y yo, nada más; luego entraste. Vuelve el deseo. Invisible. Invisible. Leo algunas palabras pero la imagen regresa: tú vas de libro en libro, tus dedos rozan las cubiertas luminosas, el papel que guarda todo un mundo en otro idioma. En algún instante Born insinúa que el muchacho debería estar con su amante, con la amante de Born. Yo quiero estar en el mundo del libro, ser un personaje más, decirle a Born que el muchacho puede estar con su amante, con la chica francesa. No son los ciclos del amor, sino del deseo. Todo sucede como en el libro, pero al final estamos él y yo mirándonos despacio, sin lenguaje. Pienso en los límites de la devastación, en la lluvia que afuera cae, en las pocas palabras que el muchacho habla sin yo entenderlo; miro su piel blanca, sus ojos y mis ojos se encuentran en el vacío del aire. No hay triunfo; no lo habrá. Es una imagen, sólo eso, me digo. Antes de irse, sus ojos volvieron a mirarme. Sentí la inutilidad y la idea de pertenecer sólo a un recuerdo momentáneo, a la ausencia de todo y de las palabras.



5. UN ESPEJO
-Tarkovsky-


Un espejo cambiante es toda vida.
Un espejo que a ciegas lanza un lento
reflejo de reflejos, un momento
en que algo se repite y ya se olvida.

¿Por qué la sed no encuentra su perdida
transparencia en el agua o en el viento?
¿Quién osará copiar aquel sediento
fantasma que en el mar niega su huida?

¿Tendrá todo reflejo? ¿Qué silencio
podrá copiar siquiera tu silencio?
¿El mar del tiempo quién podrá copiarlo?

¿Y ese amor que nos llega sin llamarlo,
no será amor, quizás, de otros amores
o como el fuego, sueño de esplendores?


6. HERMOSOS SON LOS CUERPOS QUE VIAJAN A LA MUERTE
a José Félix León

Hermosos son los cuerpos que viajan a la muerte.
Si una rosa cayera entre los dos,
si un pájaro volara seguro de su sombra,
si un hombre me esperara por las calles del sueño,
yo me iría también.

Hermosos son los cuerpos que demoran el alba.
Quién justifica estas catedrales,
estas mesas que el fuego no consume,
estos dioses de polvo y agua muerta.
Quién golpea en las puertas, persistente,
seguro de su miedo o de su gloria.

Que el estío demore la luz sobre esos cuerpos.
Que el espejo repita, insomne, sus contornos.
Que el agua santifique sus labios mientras beben.
Que la luz los persiga como un fuego en la noche.

Hermosos son los cuerpos que viajan a la muerte.


7. PREDICCIONES

Pueden pasar los años sin la breve costumbre
con que hilvanan las horas
los ciegos tejedores.
Pueden soplar el cuerno de la abundancia
seguros de que allí aguardará la bestia
con su hambre y desidia.
Un hombre marcará tu rostro,
tatuará tu soledad con un gesto leve
como quien alza una hoja mojada
del fondo misterioso de algún lago.
He creído en tu nombre y en la palabra
que empañaría los espejos.
He creído en los espejos y en la mano
que iguala tu gesto con mi gesto,
tu mano con mi mano, tu pecho con mi pecho.
Pueden pasar por el sueño de la fiera, la carne inasible de los hombres,
y en todos habrá un hueco donde quemar la noche,
una espalda a la que abrazar
cuando llegue el instante de mostrarnos las manos,
la cal de las manos revelándonos
la culpa de los astros.
A qué pensar en las ventanas
si el salto es siempre un viaje a lo imposible.
Una puerta no se abrirá. Ningún cuerpo
es la casa en donde quedarnos.
Nadie dirá éste es el mundo, éstas las casas
donde se ovilla lento el perro del silencio.
Camino de ningún lugar, la nada irá moldeándonos
sus mejores figurillas.
Aquí está la soledad inexplicable de los pájaros,
la sangre que al verterse no suda en los vitrales.
Hemos velado con descuido el fuego de las piras,
la carne chamuscada ha creado su siluetas de miedo,
el silencio nos ha empujado, lento, con sus manos de hierro.
Ciudad o sueño, hemos dicho. Cuerpo, máscara, hemos dicho,
pero faltaba la tranquilidad de un parque
o el despertar mirando la espalda soñada;
faltaba la certeza de un amor, el espasmo
incandescente de una luz impropia;
faltaba el rostro que queda cuando ya no hay rostro,
el cuerpo al desnudo cuando ya no hay cuerpo;
Ciudad o sueño, ¿a qué puede parecernos este vivir
junto a la fiera, alimentarla con esa paciencia
de reo, como si más allá no existiera nadie,
como si más allá fuera sólo el mundo
volviéndonos la espalda?  
Ciudad o sueño, pero qué ciudad o qué sueño.


8. LA SED DEL ÚLTIMO QUE MIRA

Cuando la luz desciende misteriosa,
la otra inabarcable luz despacio tienta
las menores criaturas de la noche.

Entre las dos el mundo incendia
los portales del tiempo, la humedad
del miedo juega a ver su rostro en los espejos;
los espejos duplican la sed del último que mira,
la mirada cae como un golpe de sol entre las ramas muertas.

Entre las dos el quejido de un animal muriéndose;
un anillo de poder, una espada mágica;
entre los dos la inmanencia de esas estaciones
en la que estamos de espaldas a la noche,
o a los bancos de lúgubre madera 
donde otra luz está a punto de perderse
en otras claridades sucesivas.


9. TALES DE MILETO


Yo, Tales de Mileto,
que he visto la belleza reflejada en el agua
en la forma de un rostro,
no quiero ser juzgado por algo imperceptible.

Yo, uno de los siete grandes sabios de Grecia,
que confirmé la fecha del eclipse
y el uso de los símbolos geométricos,
que he mirado mi sombra
arrastrarse en silencio por la arena de Egipto.

Yo, que también he dicho
que en todo están los dioses,
he quemado los libros que los nombran.

Yo, Tales de Mileto,
mirando cómo el agua al tocarme me olvida,
sufro el dolor y el miedo hasta en mis sueños.


10. ALGO HABRÁ ANTE NOSOTROS


        por esos sotos, antes de nosotros,
        pasaba el viento cuando había viento.

                    Pessoa

Recorríamos los bosques en la noche.
Yo leía un poema de Pessoa,
susurraba despacio:
por esos sotos, antes de nosotros,
pasaba el viento cuando había viento.
Después te abrazaba como si fuera
el fin del mundo.
Lejos de allí buscábamos la choza,
su sagrado interior dorando un fuego,
la lámpara para no perdernos
en la sombra del otro,
la ventana abierta al frío y a la muerte,
eran una anunciación de pérdida.
Lejos de allí, miraba
cómo cubrían los toldos para los fuertes vientos,
lanzaban flechas al venado,
y alguien cantaba
descalzo
una canción al verano y a la tarde.

No conjuramos el dolor.
Faltaba el recuerdo sucesivo
de esos días,
el roce de mis manos en tus manos.
Temí rozar los bordes de la trampa.
Oculta la cuerda nos besábamos
sin pensar en otra desolación que en el regreso.
De noche,
recorriendo esos bosques,
comentaba aquella leyenda de pájaros
devorando las carnes de los hombres.



11. JAMES ENSOR

Pues sí, es muy extraño que no exista,
James Ensor, en Ostende, algún lugar
que recuerde que aquí pintó sus cuadros,
que aquí sufrió, usted, su pesadilla.
Pero también extraño es ese sueño
de las aves dormidas en los cuartos,
y el baile de la muerte a medianoche,
y el abrazo filial de algún amigo.
En Ostende, imagino, ya no hay casas.
Faltaba la memoria de algún parque
en donde también yo vestí mi cuerpo
con sus oscuras ropas, consumido
por el horror, la angustia y el deseo.
Faltaban a mis noches los jardines,
los rostros perseguidos por la tarde,
las columnas sagradas como templos.
Faltaba la piadosa maravilla
y la especulación de algunos hombres,
ante la rosa roja de los bosques.
En Ostende, imagino, nadie duerme.
El eco de mis pasos no retumba
sino en un sueño alto e imposible:
hoy presiento que un hombre me conjura,
y que algo de su miedo ya me alcanza,
y que su rostro puede ser mi rostro,
y que sus manos pueden ser mis manos
y puede que seamos sólo el mismo,
deambulando en Ostende por las plazas.


12. A LA MANERA DE TRISTAN TZARA


Como una sombra más
recorro estas calles:
Impúdico cadáver doblándose en su miedo,
bestia que reconoce ese gotear de muerte
al borde del abismo.
Quisiera recordar ese minuto;
la mirada que fluye en el adiós
sin darme tiempo a alzar
contra el cristal la mano de la ausencia,
como quien ya describe
esa provocación a la locura
    que es ir juntando pájaros muertos
    en una plaza sin nombre
en esta ciudad triste de casas rumorosas
en donde soy la sombra de un viajero
-anónimo e invisible-,
perdiéndose en un parque de cipreses
que son también la imagen
de una desolación apenas permitida.

Como una sombra más,
convivo con mi muerte,
aparto con dulzura exquisitos cadáveres,
y pienso que mi cuerpo
    es ese muerto alzando sus manos contra nadie,
un muerto deambulando por las calles del mundo,
soñándose otra historia
        con el mismo cuidado
con que alguien pretende ignorar qué es la vida
y escribe en un cuaderno:
    como un ángel terrible
    en la corte terrible de los ángeles.

Ninguna luz alumbra esta plaza sin nombres.
Es el fin de la noche y pienso en las ventanas
abiertas al vacío.
Alucinado rozo el rostro de la estatua.
Sé que nadie vendrá y el salto es sólo
la belleza de un rostro en el que miro
todo el mal y la belleza del mundo,
o esas palabras que ahora descubro
en un manifiesto de Tristán Tzara,
donde confiesa ser,
el idiota,
el bromista,
el farsante,
y que ahora yo recuerdo,
lejos de Zúrich,
lejos para siempre
de una xilografía de Marcel Janco
que vi por casualidad
tras el cristal de una librería
para después confesar:
yo el idiota,
yo el bromista,
yo el farsante,
con toda la pobreza del mundo,
como si el tiempo,
al pasar los días,
me acercara a algo muy pobre y pequeño,
como un anillo de plata lanzado
al fondo inabarcable del abismo.

Como una sombra más
Recorro estas calles.
Donde alguien predijo el fin de un tiempo,
yo dije unas palabras,
una frase de amor que nadie escucha.



CARLOS PINTADO. Poeta, narrador, ensayista y traductor de poesía inglesa cubano, nacido en La Habana, Cuba, en 1974. Es Licenciado en Lengua y literatura Inglesa. Recibió en España el Premio Internacional de Poesía Sant Jordi en 2006 por su libro Autorretrato en azul. Colabora con la revista VOGUE y es, además, Jefe de redacción de la revista literaria  La Zorra y El Cuervo. Tiene publicados los libros  El diablo en el Cuerpo (poesía, 2005); Los bosques de Mortefontaine (Bluebird editions, 2007); Habitación a oscuras (Vitruvio, Madrid, 2007); La Seducción del Minotauro (cuentos, 2000); Los Nombres de la noche (una antología de su poesía editada por Bluebird editions en USA, 2008). Actualmente el grupo de música de cámara South Beach Music Ensemble está estrenando por varios estados de Norteamérica un Quinteto de piano y cuerdas inspirado en poemas suyos bajo la dirección de la compositora norteamericana Pamela Marshall. También el grupo CONTINUUM de New York estrenó junto a la soprano Mary Mackenzie una pieza para soprano y cuatro instrumentos con poemas suyos musicalizados. Textos suyos han sido traducidos al inglés, al alemán, al turco, al húngaro y al polaco y han aparecido en diferentes revistas y antologías de España, Turquía, México, Alemania, México, Perú, Argentina y Estados Unidos.

Mónica Delia Pereiras

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

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