Geraldine Mac Burney
Poemas
A MI ABUELO
Mi abuelo se levantaba antes que los gallos cantaran,
antes que el sol se despertara como cervatillo de leva enfurecido.
Encendía el horno para hornear sueños antes que se fueran por las sombras,
antes que la noche los colgara eternamente en sus tendales.
Mi abuelo amasaba cometas de harina, de agua, de levadura, de sal.
Las estrellas del pueblo lo escuchaban cada noche
moldeando el cielo diurno entre sus manos.
Mezclaba la harina, el agua, los pelliscos a los cubos de levadura,
y amasaba con la misma persistencia con la que su abuelo
picaba en las minas de carbón.
Sólo había un reposo mientras leudaba la masa. Entonces,
a escondidas de mi abuela,
fumaba bajo la alameda sintiendo sus dedos pequeños, adormecidos.
El humo volaba como bellotas de lana negra entre las hojas y el viento.
Después de unas horas, horneaba un bullicio de espigas. Esas eran sus campanas.
Germinaban los panes en las cestas de mimbre.
Cestas en las que volaba de niña como en aerolitos o platos voladores.
Mientras todos dormían la sacra siesta la vieja cuadra era la Vía Láctea.
Yo robaba cucharas, cuchillos, tenedores de las alacenas
para revolver la tierra y el agua, picar hojas,
hornear en el fogón del patio el batallón de tortas preparadas.
Después, iba a tomar el té, como si nada.
Comía como un ratón sólo la miga de la galleta untada con manteca.
El abuelo me hamacaba bajo los parrales,
extensos telares de pájaros hambrientos.
Y así acontecían los días en un pueblo fuera de esferas.
En aquel entonces, hacía unos meses - o un calendario-
que terminaba de aprender a andar en bicicleta.
Aunque aún me caía sobre los rosales y me levantaba entre espinas,
mi abuelo había sacado las rueditas. Las guardaba como souvenir en la despensa.
Todavía recuerdo la última tarde que caminamos juntos...
A menudo desentierro recuerdos como niños vivos.
Recuerdo que sólo había un reposo mientras leudaba la masa.
Recuerdo que fumaba a escondidas de la abuela.
Fumaba bajo la alameda y el humo volaba como bellotas de lana negra.
Cuando niña pensaba que se había ido.
Mi madre no quería que lo viera muerto.
Hoy he visto pasar a un hombre parecido a él.
-A veces el viento es fecundo cartero-.
Hoy he visto pasar a un hombre como él. Y la noche es más espesa.
Y mi abuela duerme y lo sueña y lo encuentra
sin gobiernos ni leyes más que su luz
que da cuerda a nuestros corazones.
A veces pienso estas cosas
y me quedo en silencio.
Mi abuelo fue más que un hombre que madruga.
Mi abuelo escribió las partituras mismas de los sueños,
encendió las bombillas de las cosas perfectas,
los domingos de luz.
Y cuando me pregunten quien fue mi abuelo
les diré que mi abuelo es el sastre único de todas las luciérnagas.
