Dádivas largamente contempladas
Poemas
Llueve, pasos leves, rumor de sílabas,
aire y agua, palabras que no pesan
lo que fuimos y somos,
los días y los años, este instante
Octavio Paz. Como quien oye llover.
Aprieto un puñado de palabras,
de esas que asoman a otras latitudes.
Esta danza del fuego
consume los papeles en que escribo.
Las voces marchan en procesión,
devastan la soledad de sus márgenes.
Ojalá pudiese grabarlas en piedra,
rodar lunas por el jardín del otoño.
Aguardo hasta que mis breves palabras
conforten a los desamparados
y agobien a quienes envuelve el júbilo.
Construyan con madera firme
subir
escaleras para y de nosotros mismos,
descender
se
brar
cum
en
y
de
rri
bar
se,
acercarnos y a l e j a r n o s.
Con ellas me apuro a fabricar
sillas,
camas
y féretros;
para sentar a la espera y ofrecerle un café,
dormir a los miedos y amar sin mesura,
morir, a pesar de no haberlo visto todo.
Entonces olvidarlas.
Prolongarme
en un silencio plenario,
así, sin provocaciones ni lamentos.
