19/4/10

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Juan Hurtado

Juan Hurtado
La Honda Noche


No quiero ir nada más que hasta el fondo.
Alejandra Pizarnik


1

Quiero calar la noche,
en el oscuro un foso oscuro,
penetrar tu ojo negro,
continuar adivinando tus sombras,
tus palabras,
escribir notas
para que no puedas leerlas,
para justificar que no te escribo,
que sólo hago manchas
en la honda noche.

2

Una cascada
dentro de una caverna,
un hondo hueco resonando,
dentro de mi boca
otra boca,
dentro de mi alma
otra alma,
resonando.

3

Fotos en blanco y negro,
diapositivas como muertos pasando,
tengo la proyección de tu figura
deslizándose,
apretando los puños llenos de polvo
luego del grito,
el recuerdo del umbral
cerrando tu paso,
tengo la imagen
de tu sombra.

4

Tu risa es el llanto del que se ahoga,
sabor a piedra molida tus caricias ásperas,
las manos que me tocan tienen algo de despedida,
me dicen que retumba como tumba
tu aliento a flores secas
y me viene así
la imagen del abuelo
en su ataúd tachonado con perlas,
y te imagino,
durmiendo angelical como una muerta,
cada día más lejos de mí,
imaginando el beso de piedra.

5

Aunque no lo creas
en mi vive un niño oscuro
que canta las noches y sus despedidas.

6

Todos los hombres tenemos un muerto,
una figura antagónica,
un heterónimo frío y callado
enclaustrado en el alma.
Morir es sentir la vida,
desnudarse a la noche silenciosa.

7


Detrás de mí
la sombra,
más allá,
tu vestido
tu corpiño
tu piel.

8

Tengo la sensación
en la carne,
el golpe
de un cuerpo
estrellando su cabeza
contra la nada.

9

Partiéndose la ola
en la piedra,
la piedra
moliéndose
en la arena,
la arena
perdiéndose en la ola.

Todo se olvida,
          también la vida.
                         
10

Hay un oscuro más oscuro
que el blanco en su ausencia,
un color incoloro
pinzando el alma,
metiéndose en las moradas huecas,
en las fauces reservadas como viviendas,
así la tierra de los muertos
tapa al sol,
consagrándose el palacio de la noche,
cavando en la luz una fosa
al oscuro reino
donde moran los recuerdos.

11


La luna es pálida,
y no veo su luz,
veo la cara de un muerto
reflejándose en mi cara.

Yo no veo el sol,
temo mostrarme a la luz
y que perfore mi piel
con balas,
la cara
                      como una moneda falsa
                              como un cotillón festivo.

Hay en la noche una fría cama cubierta de flores y rosarios,
la sombra de una cruz enclaustrada
reflejada por los cirios consumidos,
y mis pasos,
matando la sombra,
borrando la mascara.

12

Estoy solo,
el vahído
de un muerto
canta entre las piedras,
entre la nieve de un crematorio,
entre los huesos
carcomidos por las ratas,
estoy solo como la sombra de mi sombra,
nadie habla,
nadie nombra,
no dicen mis ojos,
se esconde en la retina
-aquel sacrílego espejo-
el camino de todas mis vidas
de todos mis injuriosos retornos,
tengo el vino en la sangre
y ya no queda de mi más que soledades.


13

Cada letra
es una muerta sin nombre
con capucha negra
y rostro de luna,
su casa son las palabras,
su reino: el silencio.
Todos los días
una palabra,
todas las noches
un sueño,
la consagración del tiempo
por sobre el silencio,
un renacer desde la nada
hacia el lenguaje.


14

Aprendí de la noche
las estrellas
como si fueran éstas
cuerpos de piedra,
aprendí a ver la luna
no como esfera
no como luna,
sino como la cara
opuesta a mi cara,
un rostro pálido al cual reflejarme
como un espejo de agua enmarcada.
Aprendí de la noche
su silencio,
pero pude distinguir
que de día
los muertos cantan.
Aprendí a calar en lo oscuro de la noche
la blanca noche,
perforando con mis dedos
en la yema de mis dedos,
encontrándome con el hueso,
con el blancor de mi hueso
en lo pálido de la carne,
confundiendo su blancura
al marfil
en mi mano danzando,
y en el suelo derramada la blanca noche,
espejo de luna,
calcando mi rostro,
calando mis contornos,
como cala el tiempo
los huesos fríos de una estatua.
Aprendí de la noche a callar
y a escuchar.

15

No tengo más que un nombre,
uno con voz para
alzarse entre todos los nombres
y coronarse
entre ratones y alcantarillas.
Como ya ves, soy pobre,
y por ser pobre tengo conflictos,
y por tener conflictos soy un hombre.
Entre todas las jerarquías encantadoras
que la sociedad nos impone / "propone"
me llaman: el poeta,
uno entre tantos miles,
y no hay diferencia alguna que valga
entre YO o el vecino,
ellos dicen: usted  y todos los que son como usted no son más que poetas,
y con eso basta.
Soy de esos que miran
de afuera el vapor de la sopa
que empaña la ventana,
mientras mi boca deseosa
hace caer la baba,
mi figura se pierde
en la espesa bruma de la noche,
temblando los huesos,
cortando el frío la piel,
tampoco tengo para comprarme los libros
que tanto quiero,
nisiquiera tengo familia
-y si la tengo no la recuerdo-
no tengo más que un traje raído
por mis amigos ratones,
un sombrero con agujeros para
dejar pasar la luz,
una pipa que la fumo dada vuelta,
y la noche,
que no es de nadie
pero como yo no tengo nada
le pongo nombre
y la considero mía,
eso es lo único que tengo,
la noche.

16

En mi sangre está perdido tu nombre,
todo el compendio de estrellas,
el sol cuando en la tarde esquiva la sombra,
el sonido del trueno avistando la tormenta,
tu nombre calando las venas,
salpicando con lágrimas,
pidiendo a gritos un barco,
sentado en la amarra,
entre la niebla de mí
y la ausencia de vos,
está perdido tu nombre,
entre el humo de un cigarro a punto de acabarse,
entre la nota ciega de una puta fingiendo un orgasmo,
está perdido tu nombre,
en el sexo de un macho marino
perpetrándose manso bajo la luz,
está perdido tu nombre,
como una palabra ausente
en el lenguaje de los sin lengua,
una palabra que me hace y me deshace
callando sus pasos,
está perdido. 

17

Puede haber un anillo de fuego
en el agua danzando,
sorprendiendo a la flor
contemplada por el agua pensante,
como puede una mujer
estar perdida en un poema
y encontrarse contemplando
el ojo verdadero de la tierra,
y cavar con su luz
la muerte,
buscando su cruz
encontrando su epitafio,
el nombre de su nombre
reflejado en aquel espejo cósmico
que crea la noche y la recrea,
puede jugarse uno la vida en sueños
y no darse cuenta
de que la ha perdido.

18

Por qué la lluvia de noche
no es oscura.
Será la rosa de plata,
será el sol
perdido en la honda noche
buscando su ausencia.
Me pregunto
si la gente no deja
caer sus lágrimas
en algún remoto hueco.

19


La piedra es piedra
pero a su vez polvo,
el agua es agua
pero a su vez espejo,
la tierra es tierra
pero a su vez hostal para los muertos,
la noche es noche,
qué más puede ser la blanca noche,
una guarida de ratones,
una foto en blanco y negro,
el recuerdo de un viejo amor
perdido en la memoria,
la estatua de algún príncipe feliz incompleto,
una pasada primavera eterna,
un futuro invierno instantáneo,
el momento anterior al golpe,
el golpe anterior del último golpe,
el último golpe,
                   la última noche

20

Es mi cara
dibujada entre las rocas,
el ojo tuyo
reflejado en mi ojo,
algo de vos
perdido en los contornos
de mí,
entre las sombras
partida tu sombra
que parte a su vez
la carne
de tu cara,
lo que dice ser y no es
de tu cara.
Epero,
yéndome en tiempo,
espero,
pensando que tengo miedo,
y que solo eso basta
                 para ocultarme
                                  en el lenguaje.





JUAN HURTADO, Poeta, dramaturgo y actor nacido en 1987 en la ciudad de Buenos Aires. En la actualidad cursa la carrera de actor en la EMAD (Escuela Metropolitana de Arte Dramático). Forma parte del grupo de poesía de la Biblioteca Nacional encabezado por Mario Sampaolesi. Ha colaborado en diversas revistas literarias y antologías. Su obra permanece inédita.

Mónica Delia Pereiras

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

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